DIBUJO Y OBRA GRÁFICA

Trazos del aire

En los dibujos de Lamiel un sabio lápiz determina las formas con mínimos trazos.

Menos es más.

Donde mora el divino espíritu siempre se halla la sencillez.

Si en José Lamiel su pintura es sinfonía, su escultura ópera o la imaginería cantata sacra, el dibujo integra su obra para cámara, por servirnos de un símil musical que defina mejor el mundo de estos trabajos, en algunas ocasiones bocetos a limpio de futuros cuadros pero la mayoría de las veces piezas autónomas, creadas exprofeso por el artista como obra final.

Aquella sencillez de espíritu a la que apelaba su paisano y admirado místico Miguel de Molinos puede apreciarse en estas sutiles e íntimas creaciones, que quizá nos recuerdan, recurriendo a otro símil, a esos ‘haikus’ japoneses, pequeños poemas que en su brevedad procuran decirnos mucho de manera contenida (contineri in mínimo, delimitarse en lo más pequeño).

Son estampas ingrávidas que nos hablan desde lo más hondo y parecen evocar un elogio de la fragilidad. La línea, a veces trémula y siempre segura, define espacios de silencio donde el espectador es invitado a completar la escena con su propia sensibilidad espiritual.

Con sus dibujos, José Lamiel llega al extremo de estilización: apenas unas líneas, sobrias y esenciales, sin sombra ni ornato, que reflejan el mundo poético del autor, esa delicada sencillez de medios y motivos como nota distintiva.

Sinestesia

«Una audición musical que acompañe estas obras de José Lamiel, un gran melómano, puede ilustrar su contemplación»

Tres Intermezzi

J.Brahms

Claro de luna

C.Debussy

Miroirs

M.Ravel

Folías

Gaspar Sanz