José Lamiel nace en Calanda, Teruel, en 1924 y muy pronto siente la vocación por el modelado y el dibujo; “las montañas de Calanda me sirvieron de inspiración cuando era niño”, afirmará en el acto de su nombramiento como Hijo Predilecto de su villa natal el año 2017.
Ingresa de joven en la Escuela de Artes y Oficios de Zaragoza y allí empieza a trabajar como ayudante de escultor con los hermanos Albareda. Posteriormente se traslada a Valencia a iniciar estudios de Bellas Artes en la Escuela de San Carlos, a la vez que trabaja en sus primeros encargos, entre ellos la talla en madera policromada “El Encuentro”, de depurada realización y que concluye con apenas veinte años. Dicha obra sale en procesión en Calanda desde hace más de medio siglo y da nombre a una arraigada y decana cofradía de la localidad, cuya Semana Santa, “los tambores”, es ampliamente conocida.





La ciudad de Madrid tuvo una importancia decisiva en la vida y en la formación y desarrollo creativo de José Lamiel. Desde su llegada en los últimos años de la década de los cuarenta hasta su marcha a Colombia en1961, transcurren años muy relevantes para el artista, con la ejecución de múltiples trabajos de escultura y por su relación con el mundo artístico y cultural de la capital; César González Ruano, Aniceto Marinas, Azorín, Marañón o el poeta José Hierro son algunas personalidades que conoce y trata por entonces y con las que en muchos casos establece amistad. Tras su estancia de seis años en América, regresa con su familiar a Madrid y fija durante cuatro décadas su estudio en el centro de la ciudad. De ese ‘obrador’ salen sus trabajos para sus exposiciones en toda España y fuera de sus fronteras. Organizará además en Madrid a lo largo de su vida más de una treintena de exposiciones, tanto individuales como colectivas.




En los años 50, José Lamiel conoce a quienes probablemente mejor simbolizan en el siglo XX español la figura del médico-humanista: su paisano Pedro Laín Entralgo (que le presenta a Azorín, el gran escritor y periodista) y a Gregorio Marañón, el Doctor Marañón, que le encarga un busto de su persona. Las sesiones de posado del doctor para el artista durante la ejecución de la obra harán que nazca entre ellos cierta amistad, a pesar de la diferencia de edad entre el joven artista y el médico y escritor. En la exposición organizada por el Ministerio de Cultura el año 2019 en la Biblioteca Nacional - Madrid “Benito Pérez Galdós, la verdad humana” se exhibió la réplica del busto de Lamiel a Gregorio Marañón con la mención de su autoría.





En la obra de José Lamiel está muy presente, es casi un hilo conductor de su sensibilidad creativa, el extraordinario valor de la mujer, recurrente en toda su obra pictórica y escultórica, un homenaje sereno y poético a la mujer, quizá muestra inconsciente de un sincero agradecimiento a las dos personas que más influyeron en su vida: su madre, por la que siempre expresó profundo amor y admiración, y su esposa, Rosario Silveiro, apoyo infatigable en el ejercicio de su vocación y de sus ilusiones como artista y en el proyecto de una vida familiar en común. Lamiel conoce a la escritora Carmen Silveiro en las tertulias de artistas y las veladas literarias del Madrid de los Cincuenta, ella le habla de su sobrina Rosario y les prepara un encuentro del que surge su noviazgo y luego el matrimonio, del que nacieron tres hijos y en el que permanecieron unidos toda su vida. Rosario, mujer fuerte de alma grande y delicada, sensible y extraordinariamente culta, fue el alter ego de José en su vida y en trabajo.




El artista había conocido en Madrid a Guillermo León Valencia, entonces embajador de Colombia en España y unos años más tarde presidente de la República de ese país. Bajo su petición, Lamiel talla en su estudio madrileño un Cristo de la Expiración o Cachorro que debería participar de la expresividad del Cachorro sevillano, de gran veneración por parte de Guillermo León Valencia. Tras el excelente resultado del trabajo, que llega en barco a Colombia, el artista recibirá varios encargos escultóricos para aquel país, por lo que marcha con su familia en 1961 y allí, en la ciudad de Popayán, residirá seis años, un periodo de intensa labor creativa con la realización de reputados trabajos (tallas y esculturas) y en el que, aunque ya había realizado al óleo muy ocasionalmente algún retrato, paisaje o bodegón en Zaragoza y Madrid, nace de manera firme su vocación adicional a la pintura, llamado a expresar de esa manera, así lo afirmaba habitualmente, la dulce melancolía que percibía en muchos de los habitantes del Cauca y los primeros Andes. Esos cuadros ya los ejecuta con su técnica habitual, tan personal, de aplicación del óleo mediante espátula o cuchillo, en lugar de pincel, y por entonces sobre soporte de madera, con posterioridad sobre lienzo de lino. A partir de entonces José Lamiel será de por vida escultor y pintor.








Al regreso de América a Madrid en 1967, José Lamiel establece su residencia familiar en Alcalá de Henares, por su proximidad a la capital y seducido por la recogida belleza de su centro histórico. Como sus trabajos de modelado en barro requerían amplio espacio y un anejo al taller a modo de patio, allí establece también inicialmente su estudio, que poco después traslada a Madrid por tres décadas y más tarde, ya en su última etapa, los últimos veinte años de vida, vuelve a instalar en Alcalá de Henares definitivamente, por la cercanía al domicilio familiar. La ciudad complutense, al igual que Calanda, Zaragoza, Teruel, Madrid y Popayán (Colombia), fue sin duda uno de sus loci amoeni, uno de los lugares esenciales e inspiradores del artista. En Alcalá de Henares organiza también alguna de sus exposiciones, tanto individuales como colectivas, recibe con frecuencia el reconocimiento público y la felicitación por su labor artística y a sus casi noventa años de edad, el año 2011, un sentido homenaje por parte de la Universidad y el Ayuntamiento de la ciudad con una amplia muestra monográfica retrospectiva de toda su trayectoria creativa. La historia y motivos emblemáticos de la ciudad (El Quijote, Cervantes, Cisneros, entre otros) le sirvieron en muchas ocasiones para recrearlos en la escultura, al óleo o en dibujo. De entre ellos, Lamiel se identificaba de manera especial con el Quijote, por lo que éste fue un motivo habitual en su trabajo, alegoría, al igual que él, de un personaje orientado de por vida al ideal y sus ensoñaciones, en su caso, mediante el arte.
El artista fallece en 2020, habiendo trabajado prácticamente hasta el final de sus días.
José Lamiel brilla en el panorama de las artes plásticas como un ejemplo de vocación y trabajo. Sensible, profundo y trascendente en su vida y en su quehacer creativo, acreditaba también un claro sentido del oficio y del esfuerzo diario para gestar una obra cercana y delicada que llegara viva a los demás, como queriendo entregarnos, siempre con su invencible bonhomía y simpatía, así era él, en cada pieza un mensaje de ternura, amor y paz.






Salón de Artistas Independientes, París.
Excma. Diputación de Teruel.
Universidad de Alcalá y Ayto. de Alcalá de Henares.
Real Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis, Zaragoza.
Ayuntamiento de Calanda.
Sala de Amigos del Arte de la Biblioteca Nacional.
Universidad del Cauca, Popayán.
Instituto Colombo-Americano.
Ateneo de Cali.
Galería La Kábala.
Galería Círculo 2.
Sala Libros.
Sala Abrahams.
Galería Capitel.
Galería Capitel.
Museo del Alto Aragón.
Galería Berdusán.
1975 Galería Kreisler.
Galería Alfonso.
Galería Van Gogh.
Sala Monzón.
Ayuntamiento de Alcañiz.
Sala de exposiciones de la Excma.
Galería Gayar.
Ayuntamiento de Calanda.
Galería Firenze.
Galería Taniarte.
Galería Abula.
Sede de la Fundación Antonio Jiménez.
Galería Artis.
Galería Alfama.
Galería Guadalaviar.
Galería Goya.
Museo Provincial.
Galería Gabernia.
Galería Detursa.
Museo Camón Aznar; Ibercaja.
Torreón Fortea; Excmo. Ayuntamiento de Zaragoza.
Galería Ángeles Penche.
Antiguo Colegio de Caracciolos, Universidad de Alcalá de Henares.
Casa Fortón Cascajares -Centro Buñuel.
A lo largo de su dilatada carrera creativa, Lamiel estuvo presente con su obra en más de cincuenta exposiciones colectivas, en muchas de ellas con otros artistas plásticos de gran relevancia en el panorama español de la segunda mitad del siglo XX (Álvaro Delgado, Pablo Serrano, Carlos Saura, Luis Feito o Vaquero Palacios, entre otros).
Exposición Nacional de Bellas Artes
I Bienal Hispanoamericana de Arte.
Sala Libros.
Colectiva de Artistas Contemporáneos.
International Art Rencontré.
Colectiva de Galería Club 24.
Bienal del Ayuntamiento de Zaragoza en La Lonja.
Escultores Aragoneses de Hoy, Museo Provincial de Zaragoza.
Salón de los Independientes.
Exposición Grupo 29.
Homenaje a Viola, ExpoAragón.
Galería Durán.
1988 Esculturas en La Aljafería, Excmo. Ayuntamiento de Zaragoza.
Pintores contemporáneos del paisaje aragonés. Museo de Zaragoza.
1990 Homenaje a Camilo José Cela.
Madrid visto por sus pintores.
El Camino de Santiago por artistas contemporáneos.
Arte Contemporáneo Aragonés, Ibercaja.
Artistas Aragoneses con Unicef.
Teresa de Jesús, de Goya a los académicos de hoy. Museo Goya.
Homenaje a Benito Pérez Galdós. Biblioteca Nacional.





