Dándose en la imaginería la mano estas dos facultades, escultura y pintura, sube mucho de punto la perfección.
Antonio Palomino, 1724
La escultura religiosa debe inspirarse en lo popular para que pueda emocionar y transmitir devoción.
José Lamiel, en ‘El Liberal’ año 1962
La imaginería de José Lamiel carece del dramatismo y la expresión patética que la caracteriza en las manos de los grandes maestros, en ella destaca en cambio, en mayor medida, la paz de sus protagonistas.
Marcela Ayerbe, 1964.
Con apenas veinte años de edad, el año 1944, termina José Lamiel la talla de tamaño natural ‘El Encuentro en la calle del Calvario’, tras dos años de ilusión y esfuerzo que simultaneaba con el cumplimiento en Valencia del servicio militar. La obra, encargo de su Calanda natal, representa a Jesús camino del Calvario en el momento del encuentro con su Madre. Este fue su primer gran proyecto escultórico y alentó de manera decisiva su vocación artística. El trabajo presenta un excelente resultado por el realismo de sus protagonistas y la pericia de su policromía y sigue a la gran escuela de escultura religiosa barroca española, en especial Pedro de Mena o Gregorio Fernández.
Además de algunas otras esculturas de cariz religioso en piedra o madera y de la creación de obras con su ya entonces temática habitual (niños, mujeres, etc), el artista ejecuta en Madrid en los años 50 una nueva talla, una recreación de ‘El Cachorro’ sevillano o ‘Cristo de la Expiración’, obra en madera policromada cuya magnífica plasmación le abrirá puerta a nuevos encargos de esta índole también, como éste, para Colombia, en concreto para la ciudad de Popayán, cuya Semana Santa goza del título de Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Allí acometerá José Lamiel durante los primeros años sesenta del pasado siglo las tallas del ‘Ecce Homo’ (popularmente llamado ‘El Amo’), ‘La Oración de Jesús en el Huerto’ y, la última de ellas, el ‘Cristo yacente’, obras todas encomiables por su sobresaliente resultado artístico y que a día de hoy mantienen vivo el fervor y la admiración de ciudadanos y visitantes.
«La imaginería de Lamiel, en la tradición de los ‘grandes’ del género (Gregorio Fernández, Pedro de Mena o Francisco Salzillo, entre otros), manifiesta una impronta personal: la serenidad, incluso una contenida dulzura, de los rostros dolientes, como queriendo el artista dotar al sufrimiento de un fuerte sentido esperanzador que lo alivia y supera.»
Semblanza de imaginería de J. Lamiel
"El Encuentro" en procesión
Una evocación de J. Lamiel y "El Encuentro"
Cristóbal de Morales
Alonso Lobo
W. A. Mozart
J..S. Bach